- ¿Qué entiende usted por ironía?
- ¿Qué libros le son a usted
imprescindibles en su biblioteca?
- ¿Se puede amar a un libro?
- Comente esta metáfora de la
vida: “la urdimbre de su
existencia, como uno de los hilos más importantes en la trama de sus
experiencias, de sus desengaños y de sus alegrías.”
- Analice
y discuta las siguientes frases de autor:
viernes, 2 de noviembre de 2012
CARTAS A UN JOVEN POETA (2)
CARTAS A UN JOVEN POETA
Rainer María Rilke
Era en 1902,
a fines de otoño. Estaba yo sentado en el parque de la Academia Militar de
Wiener Neustadt, bajo unos viejísimos castaños, y leía en un libro.
Profundamente sumido en la lectura, noté apenas cómo se llegó junto a mí
Horacek, el sabio y bondadoso capellán de la Academia, el único entre nuestros
profesores que no fuera militar. Me tomó el libro de las manos, contempló la
cubierta y movió la cabeza. "¿Poemas de Rainer María Rilke?",
preguntó pensativo. Y, hojeando luego al azar, recorrió algunos versos con la
vista, miró meditabundo a lo lejos, e inclinó por fin la frente, musitando:
"Así, pues, el cadete Renato Rilke nos ha salido poeta..."
domingo, 19 de agosto de 2012
EL CUENTO.
- Un cuento es una seria breve y escrito de incidentes;
- de ciclo acabado y perfecto como un círculo;
- siendo muy esencial el argumento, el asunto o los incidentes en sí;
- trabados éstos en una única e ininterrumpida ilación;
- sin grandes intervalos de tiempo y espacio;
- rematados por un final imprevisto, adecuado y natural.
martes, 17 de julio de 2012
EL OBJETO OCULTO.
- Esta actividad se titula
“Objeto oculto”. Tiene el propósito de estimular nuestra creatividad para
producir una creación poética original.
- Ahora vamos a leer
en voz alta nuestras creaciones, sin decir a qué objeto hemos escrito. El
grupo puede desvelar el objeto al terminar la lectura del poema.
martes, 27 de diciembre de 2011
POESÍA Y MEMORIA. PARTE II.

Anamnesis: palabra y memoria.
La palabra germina en la matriz de la memoria, y es gracias a la palabra que se activa el proceso evocador: arrastra larvas de la experiencia fugitiva, convocando los espectros anteriores. La palabra es esencialmente simbólica, fragmento que aspira a completarse con la fusión de la realidad vivida: revive, recrea lo ya vivido, aunque cubierto ahora de una pátina de extrañeza, por la distancia que impone el propio devenir, por el alejamiento que provoca la conciencia.
Ejercicio: Escoja uno de sus poemas y subraye en él aquellas palabras que le transportaron a hechos o sentimientos evocados.
La palabra guarda con la experiencia una cercanía de la que carece el concepto, que es, a lo más, palabra descarnada, esqueleto de experiencia que no remite a nada concreto. El concepto no es vida cristalizada sino cuenco que nada contiene en su interior, huero saco de vientos. Es fruto, sí, de la avaricia de la palabra, de su avidez por nombrar, mera formalidad agigantada del proceso evocador. De ahí que se incline hacia lo no real, lo puramente desmaterializado y exangüe. Su demasía le lleva a pretender ser continente de todo, y, a la postre, de nada. De poco nos sirve el concepto en la dramaturgia de la evocación, ninguna sombra del pasado puede convocarse con su ayuda. Es, a lo más, palabra hinchada y fatua que da paso a lo irreal [1], lo imaginario. Cuando emplazamos el pasado, la palabra nos sirve de guía; decimos: casa, pero no la casa ideal, abstracta, sino la casa aquella vivida, sujeta a las coordenadas de la experiencia; casa que huele a humedad, cuyas paredes encaladas aun podemos acariciar en el recuerdo. Los conceptos, sin embargo, dan frío, y también miedo, apartados como se hallan en su hiperurano inmóvil. Sólo la razón, el logos desprendido de sus adherencias vitales puede pensar objetos como esos. El cuerpo, cuando piensa, recuerda; y lo hace con palabras vivas. Es otro el cometido de los conceptos: cuando lo abstracto se impone, lo concreto se disipa. El viejo Parménides nos colocó frente al dilema de escoger entre experiencia y razón, opinión y verdad. Son demasiadas las razones de la razón para tener la razón.
Para la discusión: ¿En qué medida interviene o debe utilizarse la razón en la Poesía? ¿Cuánto de emoción y de razón hay en sus poemas? ¿Qué debo hacer con los conceptos en mi producción poética?
La palabra es símbolo, arrastra en su estela alguna porción de realidad, fusiona lo presente con alguna pizca de pasado, a la vez que sondea el devenir. Sintética, no analítica; no crea, recrea. Tal vez cuando sale de los labios divinos posea capacidad ontogénica, no así de los nuestros. Es metafórica: siempre encaminándose hacia otra parte sin abandonar el sitio donde ahora se encuentra: "Sólo el poeta sabe / mirar lo que está lejos"; lo distante, lo que a lo lejos rutila y se aproxima. La palabra se abandona a un movimiento que aboca a un horizonte huidizo, inapresable, a una incesante imagen que se escapa. Jamás se halla vacía, no es mero continente, sino naturaleza compacta, densa, carnal, y transcendente. En ocasiones llega a ser comestible, dejándonos al pronunciarla un regusto a fruta nueva y fresca: a paraíso perdido que, generoso, regresa. El poeta es "un hombre que se contenta con palabras" [2]; cuanto le rodea (y él mismo también) no es más que palabra embozada; se gusta en tocarla, acariciarla, saborearla..., la acerca a su alma y aspira su rumor dulce y áspero. Atiende a lo lejano, a lo todavía inalcanzable que se pone al acecho de la voz. El dinamismo de la palabra es remedo de la versatilidad del ser. Si la verdad que ambicionamos es viva no nos será posible capturarla mas que con palabras también vivas. Cuando quedan liberadas de su uso ordinario y presentadas en disposición imprevista, aleándose con otras, las palabras se inflaman, iluminando una región oscurecida de lo real que emerge de su tiniebla para ocupar su lugar junto a nosotros, en la heredad del hombre. Es su capacidad desveladora la que nos hace posible el acceso al hondón del ser. "Algo -afirma René Menard- estaba allí, disimulado en nosotros, que unas palabras desvelan, algo que aparece, desaparece, reaparece, nos provoca, nos mide, nos juzga, anula nuestras categorías, nos niega y nos crea una nueva intensidad de ser, abre una especie de paso vertiginoso hacia un hogar de unidad presente en el trasfondo de nuestra especie" [3].
Para la lectura: “Creaturas mías” de María Angélica Bustos, Desde mi Azul Silencio, 2011, Ediciones ALIRE.
Es tarea del poeta esforzarse por lograr que la palabra se libere del uso ordinario que la petrifica; conseguir que se quiebre y muestre la gema que esconde en su interior, como la doncella encantada de los cuentos que despierta por el beso. Cómo hacer para que desvele su brasa originaria, su enorme capacidad semántica, esa avidez suya de referirse a todo: en eso y no en otra cosa reside el oficio de poeta. Para alcanzarlo se precisa que acierte a quebrarla y así acceder a su palpitante corazón. Al igual que del choque del pedernal nace el destello de la luz que guarda, así, en la metáfora, en el contundente encuentro de la palabra con la palabra, es que puede desvelarse su escondido fuego.
Escriba unos versos en que utilice una o más de las siguientes palabras, abriendo su interpretación a algo más que el significado concreto que poseen:
poeta
palabra
petrificado – petrificada
gema
doncella – joven – virgen – soltera – moza
despierta – despierto – despertar
beso – besar
brasa
oficio – trabajo
quebrar – quebradizo
corazón
pedernal – piedra
luz
desvelar – develar – revelar
fuego – fogata
[1] Enrique Pajón, El ser y el hombre.
[2] Nikos Kazantzakis, Alexis Zorba.
[3] René Menard, La experiencia poética.
martes, 22 de noviembre de 2011
POESÍA Y MEMORIA - PARTE I.
"La Memoria", MagritteIES ‘Murillo’, Sevilla
Reconocer que se es efímero y poderlo decir
era la única forma humana de inmortalidad.
Emilio Lledó
El hombre es un animal que recuerda en exceso, aseguró Nietzsche (quien, paradójicamente, profetizara la desmesura del eterno retorno de lo idéntico). La memoria, si se agiganta, nos detiene en el pasado, disipándose el porvenir hasta reducirse a un simulacro de lo vivido. La hipertrofia del recuerdo conduce al entumeci¬miento, a una quietud que aproxima el alma a la estolidez de la piedra. La evocación fiel y precisa amenaza el libre desenvolvimiento del devenir. Pero si ese exceso de memoria parece resultar nocivo lo es asimismo su defecto. Mejor aproximarse al fiel (el mesótes aristotélico) que posibilita la virtud; porque el hombre se constituye de olvido, y de recuerdo; ambos en él se com¬plementan, negándose el primero si el segundo desaparece.
Primera Detención: ¿Qué opina usted acerca de esta afirmación?: “el hombre se constituye de olvido, y de recuerdo” ¿De qué modo se transmite esto en su poesía?
La facultad de almacenar información no sólo es humana. Cuanto existe, existe justamente, porque recuerda. El astro que, monótono, se sostiene (¿por qué?) en su órbita, las partículas imperceptibles que armoniosamente se ordenan en el cristal; todo parece someterse a un principio de estructuración asentado en la repetición. El zigoto porta ya, ínsito, toda la información oportuna para el desarrollo espacioso de unas estructuras innatas que, al desplegarse, formarán el animal adulto. La mor¬fogénesis humana se somete a un proceso similar. Es sorpren¬dente -y terrible- darse cuenta cómo en la naturaleza se dispersan principios organizativos, principios germinales (los spermata de Anaxágoras, los eîdos platónicos) que, a modo de moldes intangibles imponen orden y forma a la materia lábil. Con el paso de los siglos, el platonis¬mo no ha perdido un ápice de fascinación, tal vez haya aumentado; continúa siendo para nosotros un pensamiento dotado de una belleza seductora y, por ello, verdadera. En el Timeo, Platón nos refiere, magistral y misteriosamente, cómo la materia amorfa (chóra), -caótica, tumultuosa como la Tiamat babilónica- puede, sin embargo, lograr la forma que la alce hasta el ámbito de los seres organizados.
Segunda Detención: ¿De qué modo se expresan los “principios organizativos y principios germinales” en su producción literaria?
Los humanos nos encontramos trabados en la telaraña del devenir, en su eléctrica zona. El devenir está tejido de orden y desorden, de cosmos y caos. Avanzamos y retrocedemos. Cada paso que damos hacia una nueva forma organizativa se consigue desde la estructura lograda en el peldaño anterior, como consumación de lo ya alcanzado. Y en este temblor de ondas el hombre ('ser de un día') surge brevemente, y de inmediato, se pierde: obligado por esa proclividad suya a regresar a estadios previos, y por avanzar hacia un fin desconocido. Al cabo el resultado no difiere; cada momento del recorrido genera la totalidad del círculo, y el anillo acabará por cerrarse. Ouroboros: "El camino hacia arriba y el camino hacia abajo es el mismo camino".
Tercera Detención: ¿Puede usted identificar etapas en su desarrollo como “poeta”?
La conciencia, - que nos convierte en sujeto: 'uno mismo', y no otro-, se constituye en esa tensión dinámica entre el recuerdo y el olvido. Somos porque nos acordamos de/con lo que fuimos (así se cumple la máxima socrática del "conócete a ti mismo"), y seremos en tanto que hemos de olvidar lo que somos. La conciencia se constituye sobre la memoria, y es por ello que se hace cómplice tanto del pasado cuanto del porvenir (nos da a conocer la textura del tiempo, mostrándonos cómo lo nuevo emergió de lo pretérito). La temporalidad se convierte así en el telón de fondo de ese desenvol¬vimiento acumulativo. Si la memoria se evade, con ella se desvanecerá el tiempo. Tal vez, el infierno, de existir, sea el incesante proceso de rumiación de la experiencia vivida ("la memoria es la gran culpable en los infiernos", se lee en La vida de Milarepa), y el paraíso, por contra, el olvido. La conciencia: una irisación, un temblor de fuego que se apaga: "Soy un fue, y un será, y un es cansado".
Cuarta Detención: ¿Hasta qué punto el recuerdo (memoria) de hechos desagradables o tristes del pasado, han constituido un “infierno” para usted? ¿Qué rol ha jugado la Poesía en la superación de esa memoria negativa?
El Psicoanálisis nos ha hecho un poco resabiados, nos ha desvestido de inocencia, en cierta medida podemos afirmar que nos ha desterrado (otra vez más) del Edén. El Psicoanális¬is, ese saber para desconfiados, convierte al ser humano en marioneta movida por pulsiones tanáticas, por oscuras y dudosas fuerzas de intenciones inextricables que, desde el abismo del pasado, nos reclaman. (Regresar..., regresar: desnacer, rebobinar el film hasta plegarnos en la microscópica célula orgánica, en aquél ápice de ser del que partimos). Una y otra vez, merced a la memoria, desandamos el camino: el sexo que nos arrastra a su estado larvario, a la agónica dejación de cuanto somos (o soñamos ser), para poder ensayar la evocación amalgamada de lo que fuimos. Una y otra vez, el gozo in¬descifrable de la repetición ("la repetición es la única forma de permanencia que la naturaleza puede alcanzar" ). Volver hacia atrás nuestra mirada, remugar los instantes en que alcanzamos la felicidad (y que ahora nos devuelven su vaharada de dicha tibia: igual, pero distinta). Y de nuevo abandonarse al oleaje del incesante mar, con su voz magmática de sirenas dulcísimas. Los momentos perfectos, y los terribles; precipitarse a la humedad de unos labios, al agua fría -que abrasa- del manantial, la voz adentro de madre, el sudor rutilante de las mulas en las eras, el perfume anisado del hinojo en los dedos, la retama encendida, la honda arcilla aquella de la infancia después de la tormenta..., y naufragar, y orillarse en el confín de arena y sueño de esa turba donde se adormece la conciencia.
Ejercicio poético: Escriba un texto poético utilizando una o más de las siguientes ideas:
• Mis resabios.
• Esa inocencia.
• El destierro.
• Desandar el camino.
• Lo que fuimos.
• La repetición incesante.
• Volver hacia atrás la mirada.
• Los instantes en que alcanzamos la felicidad.
• Los momentos perfectos.
• Los momentos terribles.
• Cuando se adormece la conciencia.



