miércoles, 6 de julio de 2011

TEMAS RECURRENTES EN LITERATURA.

Identifique estos autores latinoamericanos y sus temas preponderantes.

¿Cuáles son los temas de las obras literarias? Si quisiéramos responder esta pregunta tendríamos que hacerlo de una manera muy general y decir que la preocupación por el hombre y sus problemas es el interés común de todas las obras. Así, al menos lo entendió Terencio:

Homo sum: humani nihil alienum puto
En su Cancionero y romancero de ausencias, Miguel Hernández resumió la esencia de la problemática humana y, por tanto, de la temática literaria en tres grandes áreas de interés:

Llegó con tres heridas,
La del amor, la de la muerte, la de la vida.
Con tres heridas viene,
La de la vida, la del amor, la de la muerte.
Con tres heridas yo,
La de la muerte, la de la vida, la del amor.

Las tres heridas que siente Miguel Hernández son las que siente el ser humano. A ellas quizás solo faltara añadir la herida provocada por el propio quehacer artístico, la metaliteratura, tema muy característico en el siglo XX, pero no sólo en él. En cualquier caso, sería bueno que intentásemos descomponer esos grandes temas en otros algo más concretos

1. El tema épico-caballeresco.-
Cuando surgen las sociedades humanas, los estados, surgen también las literaturas nacionales y, con ellas, aparece el tema épico. Las obras épicas y caballerescas relatan las hazañas guerreras de héroes que, en muchas ocasiones, representan lo mejor de la nación (así en La Iliada, en la Chanson de Roland, en La Araucana de Ercilla, en el Martín Fierro de José Hernández, o en el western estadounidense, que sigue los principios básicos del relato épico). Los protagonistas de la épica suelen representar las mejores virtudes que se quieren para la nación incipiente: aristócratas, inteligentes, fuertes, hábiles, puros, etc.

Hombre soy: pienso que nada de lo humano me es ajeno.
José Mª González-Serna Sánchez

2. El tema del amor.-
¿Todos los libros tratan de amor? Pues casi todos –o una buena parte-, bien sea amor filial, fraterno, humano o divino, el erotismo, la filantropía... Hay mil formas de amor, escribió Ovidio en su Ars amandi. Si nos centramos en el amor entendido como relación sexual, más o menos explícita, pueden entreverse a lo largo de la historia dos variantes principales:
a) Un amor idealizado en el que el objetivo de los amantes, aparentemente, no es la relación sexual en sí, sino más bien un contacto espiritual. Se aman almas, más que cuerpos.
b) Un amor marcado más por la pasión, en el que el objetivo manifiesto de los amantes –o de uno de ellos- es la relación sexual.

3. El tema moral.-
La discusión sobre lo que está bien y lo que está mal en cada situación acompaña al hombre desde siempre, desde el Código de Hammurabi a La peste de Albert Camus, ya sea intentando dar o fijar respuestas concretas a problemas concretos, ya sea reflexionando sobre los propios conceptos de bondad y maldad.

4. Religión y muerte.-
Gilgamesh buscó la inmortalidad, Ulises navegó hasta el Hades por indicación de Circe, Dante circuló por Cielo, Purgatorio e Infiern; Manrique se consoló de la muerte de su padre al convencerse de que había ganado la vida de la fama y la eterna, vivimos en un valle de lágrimas; Percebal busca el Grial para que Arturo pueda vencer a la muerte; Mordred, Fausto y Dorian Gray pactan la eterna juventud; Heidegger afirma que nacemos para morir y Unamuno entiende, al igual que Calderón, que la vida es poco más que un sueño...

El tiempo, la muerte y la religión como intento de justificarla o evitarla están presentes en todos los períodos de la historia de la literatura porque es otra de las preocupaciones constantes del ser humano. Y el tiempo pasa y a todos nos espera la Muerte en Ispahán.

5. La sociedad.-
El hombre vive en sociedad, y de las relaciones que establece con ella beben gran parte de obras a lo largo de la historia. En principio podemos partir de dos perspectivas contrapuestas; por un lado la que defiende la maldad del ser humano:
Homo homini lupus est

Y frente a ella el planteamiento de Rousseau, defensor de la bondad natural de los seres humanos. Aparte de lo anterior, los autores literarios se han empeñado en retratar sociedades. Estas sociedades y las peculiaridades que las caracterizan en muchos casos son reales y nos son propuestas como modelos positivos (la Unión Soviética del realismo socialista, por ejemplo) o negativos (como la España que aparece en el Quijote o la Inglaterra de Dickens). Pero a veces, la literatura nos ofrece sociedades imaginarias sobre las que se proyectan determinados problemas concretos (así lo encontramos, por ejemplo, en la literatura de ciencia ficción) o bien proyectos de sociedades ideales, como es el caso de las utopías.

6. La literatura como tema.-
La creación literaria es otro tema recurrente en literatura que podemos rastrear a lo largo de la historia. Los escritores han sentido la necesidad de definir lo que ellos entienden por literatura o por algún aspecto vinculado a ella. Los poetas de clerecía definieron y defendieron su modelo estrófico:


Mester traigo fermoso, non es de juglaría,
Mester traigo sin pecado, ca es de clerecía,
Fablar curso rimado, por la cuaderna vía,
A sílabas cuntadas, ca es gran maestría.

En el Barroco, Lope de Vega nos demuestra lo fácil que componer un soneto:

Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto,
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo y aun sospecho
que voy los trece versos acabando:
contad si son catorce y está hecho.


Fernando Pessoa nos dice que la literatura es mentira:
El poeta es un fingidor,
Que finge tan completamente,
Que llega a sentir el dolor,
Dolor que de veras siente.

Borges escribe un relato en el que su protagonista, Pierre Menard, quiere escribir el Quijote, pero sin copiar el de Cervantes, quiere escribir otro Quijote que sea igual y diferente, quiere sentir lo que sintió, vivir lo que vivió Cervantes para poder componer su obra.

PARA TRABAJAR EN EL TALLER.
1. Escoja al azar de algún libro o publicación, cada integrante del taller, un poema.
2. Cada uno lea en voz alta, concentradamente, el poema.
3. Identifique el tema, forma y contenido del poema escogido.
4. Identifique en su propia producción poética, los temas abordados; haga una estadística aproximada y luego saque conclusiones.
5. Escriba un texto metapoético.